sábado, 11 de abril de 2015

Frases Desorientadas #8: Fangirl - Rainbow Rowell


Cath se imaginó a sí misma en su laptop. Trataba de poner en palabras cómo se sentía, qué sucedía cuando estaba bien, cuando funcionaba, cuando las palabras salían antes de que ella supiera qué significaban, burbujeando desde su pecho, como una rima, como el rap, como saltar la cuerda, pensó, saltando justo antes de que la cuerda golpee tus tobillos.

Se suponía que todo iba a ser divertido, romántico, y meditado, que por lo general eran especialidades de Cath (era muy buena con la traición también. Y dragones parlantes).

—Ese momento —le dijo a cath—, cuando te das cuenta de que un chico te mira diferente, que estás ocupando más espacio en su campo de visión. Ese momento cuando sabes que él no puede ver más allá de ti nunca más.

Y estoy loca. Como si tal vez piensas que estoy un poco loca, pero la gente sólo ve la punta del iceberg de la locura. Por debajo de esta apariencia de ligeramente loca y socialmente inepta, soy un completo desastre.
Es por eso que no puedo estar con Levi. Porque soy el tipo de chica que fantasea con estar atrapada en una biblioteca durante la noche y Levi no puede ni siquiera leer.

—Felices para siempre, o simplemente juntos para siempre, no es cursi —dijo Wren—. Es lo más noble, como la cosa más valiente a la que dos personas pueden aspirar.
Cath se estiró hasta su pecho y y apretó los puños en su sudadera negra—. Dios, Levi. Mírate… Eres… —No tenía palabras para lo que Levi era. Era una pintura rupestre. Era The Red Ballon. Se levantó sobre sus talones y tiró de él hasta que su rostro se encontraba tan cerca que podía ver sólo uno de sus ojos a la vez—. Eres mágico —dijo ella.
—Me gustan tus lentes —dijo—. Me gusta tus camisas de Simon Snow. Me gusta que no le sonrías a todos, porque entonces, cuando me sonríes a mí… Cather —la besó en la boca—. Mírame.
Ella lo hizo.
—Te elegí por sobre todas las personas.

Una cosa acerca de escribir tanto de esto… su cerebro nunca se fue del Mundo de los Magos. Cuando se sentaba a escribir, no tenía que esperar a que la historia fuera viniendo lentamente, esperando para ponerse en temperatura. Ella estaba ahí, todo el tiempo. Todo el día. La vida real era algo que sucedía en su visión periférica.

A veces escribir es correr cuesta abajo, tus dedos se sacuden detrás de ti sobre el teclado del modo en que lo hacen tus piernas cuando no pueden seguir el ritmo de la gravedad.

1 comentario:

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